Definiendo el estándar del Metal Sinfónico
El primer lustro de la década de los 2000 es, probablemente, la última etapa antes de que las fórmulas de promoción, distribución y consumo cambiaran para siempre en la industria musical. La llegada de Youtube, el asentamiento de MySpace y el auge de las redes sociales empezaron a facilitar el acceso a todo de tipo de contenidos y comenzaron a cambiar, lenta pero inexorablemente, la forma de entender y vivir la música. El Metal no fue una excepción, y una de las bandas que más presencia tuvo en ese inicio de ciclo fueron Nightwish, con multitud de videos AMV con música de la banda, videoclips, y actuaciones en directo.
Musicalmente, en el año 2004 el Metal Sinfónico era un estilo que gozaba de buena salud debido al trabajo grandes bandas influyentes en el género. Una de estas bandas era Nightwish, quienes ya habían publicado cuatro álbumes, con una influencia cercana al Power Metal en sus primeras obras y después coqueteando con sonidos más orquestales, convirtiéndose así en un referente en toda la escena del Heavy Metal. Para su siguiente trabajo, la banda dio un paso adelante para crear un álbum más ambicioso: contrataron a la Orquesta Filarmónica de Londres para reforzar los elementos sinfónicos, fortificaron la base rítmica del bajo y la batería, consolidaron la apuesta por la guitarras afinadas en Do menor, dieron más protagonismo a la voz de Marko Hietala, explotaron al máximo todos los rangos vocales de la cantante Tarja Turunen y las composiciones tomaron una dirección hacia la grandilocuencia con una gran facilidad para crear momentos memorables. Así es como nació Once, un disco que marcó un antes y un después, que creó escuela influenciando a multitud de bandas y que cuenta con una producción y un sonido que lo convirtieron en el estándar del metal sinfónico con orquestaciones y voces femeninas.

Érase una vez un sueño…
Once es uno de esos trabajos que desde el primer momento quieren dejar claras sus intenciones, y los primeros compases de “Dark Chest of Wonders” se encargan de sentar las bases de lo que vamos a encontrar en el resto del álbum; mucha orquestación sinfónica, guitarras muy graves para apoyar en la sección rítmica y líneas vocales que nos meten de lleno en la atmósfera de la canción. Una gran apertura que enlaza con “Wish I had an Angel”, uno de los grandes éxitos de Nightwish. Es un tema comercial y muy moderno que perfectamente podría ser una canción actual y no de hace 20 años, con elementos como el bombo electrónico y los riffs de guitarra entrecortados, que nos deja momentos memorables como el duelo vocal de Marko y Tarja después del segundo estribillo. Muy complicado pensar en los años 2000 y que no se te venga esta canción a la cabeza. El disco continúa con “Nemo”, la canción más famosa de Nightwish. Comienza el piano con la melodía principal que acompaña toda la estructura del tema, pasando por un breve solo de guitarra, un estribillo memorable y un final con tintes cinematográficos para cerrar uno de los grandes himnos del metal sinfónico. “Planet Hell” nos devuelve a los Nightwish más cañeros, de nuevo con la participación de Marko Hietala en la voz. Musicalmente, es la canción que guarda más similitudes con su anterior trabajo, Century Child, a nivel de estructura, e incluso evoca al célebre Wishmaster con un magnífico solo de teclado de Toumas Holoppainen. Este inicio de álbum es realmente espectacular y demuestra que la formación se encontraba en estado de gracia.
“Creek Mary’s Blood” es el tema más cinematográfico de todo el álbum. Colabora el músico Jhon Two-Hawks en la flauta y en la voz, para guiarnos a través de una larga canción que habla de la guerra entre indios y nativos americanos. “The Siren” hace gala de una gran atmósfera con el uso de escalas exóticas apoyadas en un sitar, donde el protagonismo es mayormente instrumental. La voz de Tarja nos deja unos coros que encapsulan toda la esencia de una canción hechizante, en la que de nuevo aparece la voz de Hietala en el estribillo. La caña regresa con “Dead Gardens”, donde la potente guitarra de Emppu rompe el tema tras un inicio acolchado sobre una base de sintetizadores. Destaca el último tercio de la canción, donde la banda experimenta con diferentes patrones rítmicos sobre un mismo riff machacón, coqueteando por momentos con estructuras de Metal Progresivo para cerrar una de las canciones más infravaloradas de Nightwish. “Romanticide” es uno de los mejores temas del disco y seguramente el más duro de todo el álbum. El riff de guitarra principal se mezcla con unos coros en staccato, que dan paso a la parte central de la canción tras un cambio de ritmo donde la voz de Tarja, acompañada por unas pizzicato strings, nos introduce un pegadizo estribillo. Después del solo de guitarra (de los pocos que hay en el disco) y tras el último estribillo, el tema rompe en una sección frenética donde la base rítmica de la banda se luce, para poner fin a una de las canciones más elaboradas del álbum.
El punto álgido del álbum llega con “Ghost Love Score”, una obra colosal de diez minutos de duración durante los cuales la banda da rienda suelta a su vertiente más progresiva, motivo por el cual es una de las canciones más queridas por los fanáticos del grupo. La interpretación de la Orquesta Filarmónica de Londres marca la diferencia en una composición que nos va guiando por diferentes pasajes, hasta que culmina con un final épico en fade out. Después de la tormenta llega la calma, y el álbum cierra con la balada “Kuolema Tekee Taiteilijan”, cantada íntegramente en finlandés, y “Higher Than Hope”, que pone el broche final con un precioso medio tiempo muy sentido.
Once supuso el punto álgido en la carrera de Nightwish. La banda invirtió más de 250.000 euros, el mayor dispendio en ese momento en la historia de la música en Finlandia, para la creación de un álbum legendario que hoy en día continúa siendo el trabajo más vendido de la agrupación. Canciones como «Wish I Had an Angel», «Nemo» o «The Siren» forman parte de la memoria colectiva de toda una generación de metaleros, y la calidad de sonido del álbum marcó el camino para muchas bandas del género. Once contó con una extensa gira de promoción con más de ciento treinta conciertos que terminó en Helsinki, con una actuación mágica que quedó registrada para la posteridad en lo que sería un DVD llamado End of an Era. Después vino la salida de Tarja Turunen, una noticia que dejó en shock al mundo del metal, y toda la polémica subsecuente. Empezaría la audición para elegir cantante, y la banda entraría en una nueva etapa con la incorporación de Anette Olzon como vocalista y el álbum Dark Passion Play, aunque esa es una historia para más adelante…
Deja un comentario